Y pasó un año mas en que el molde fue roto.
Uno mas se sumó a la lista que dio el salto: Enrique Valentino Miller. Caminó despacio viniendo al mundo en Brooklyn, Nueva York, escupió hacia arriba siempre, sabiendo que el día siguiente es un perfecto desconocido a quien tal vez no llegara a conocer nunca.
Nos cuenta:
"Tiempo, tiempo... Muchas veces me he preguntado qué haríamos con el
tiempo si de pronto tuviésemos el privilegio de funcionar a la perfección.
Porque en cuanto pensamos en el funcionamiento perfecto, ya no podemos retener
la imagen de la sociedad tal como está constituida en la actualidad. Gastamos
la mayor parte de nuestra vida luchando contra desajustes de todo tipo; todo
está fuera de sus carriles, desde el cuerpo humano hasta el cuerpo político.
Suponiendo que el cuerpo humano funcione bien y que el cuerpo social también
funcione bien, pregunto: "¿Qué haríamos con nuestro tiempo?" Para
circunscribir por el momento el problema a un solo aspecto, la lectura, ruego
al lector que imagine qué libros, qué tipo de libros, consideraría entonces
necesarios o dignos de merecer un poco de tiempo. En cuanto estudiamos el
problema de la lectura desde este punto de vista toda la literatura se
desmorona. Según mi entender, en la actualidad leemos principalmente por los
siguiente motivos: uno, para escapar de nosotros mismos; dos, para armarnos
contra peligros reales o imaginarios; tres, para "mantenernos a la
altura" de nuestros vecinos o para impresionarles, lo cual es lo mismo;
cuatro, para saber lo que pasa en el mundo; cinco, para entretenernos, lo que
significa ser estimulados a una actividad mayor y superior, y a una existencia
más rica. Podríamos agregar otras razones, pero estas cinco me parecen las
principales, y las he consignado por orden de importancia actual, según creo
conocer a mis semejantes. No hace falta reflexionar mucho para llegar a la
conclusión de que si fuésemos correctos con nosotros mismos y todo marchase
bien en el mundo, la única razón válida, la que tiene menor importancia en el
presente, sería la última. Las otras desaparecerían porque no tendrían razón de
existir. E incluso la nombrada en último término, dadas las condiciones ideales
mencionadas, tendría poco o ningún asidero en nosotros. Hay y siempre hubo
individuos raros que ya no necesitan los libros, ni siquiera los libros
"sagrados". Éstos son precisamente los iluminados, los que han
despertado. Saben perfectamente bien lo que sucede en el mundo. No consideran
la vida como un problema ni un calvario, sino como un privilegio y una
bendición. No buscan imbuirse de conocimientos sino de sabiduría. No viven
torturados por el miedo, la ansiedad, la ambición, la envidia, la codicia, el
odio o la rivalidad. Se interesan profundamente pero al mismo tiempo se
despreocupan. Gozan todo lo que hacen porque participan directamente. No tienen
necesidad de leer libros sagrados ni de comportarse como santos porque ven la
vida en su totalidad y ellos mismos son totales, de manera que para ellos todo
es total y sagrado.
¿Cómo
gastan su tiempo estos individuos excepcionales?
Ah, se
han dado muchas respuestas a esta pregunta. Y el motivo por el cual existen
muchas respuestas es que todo el que sea capaz de plantearse tal pregunta ante
sí mismo, piensa en un tipo distinto de individuo "excepcional".
Algunos consideran que estos raros individuos pasan su vida entregados a la
oración y a la meditación; otros los ven actuando en el concierto de la vida,
desempeñando un sinnúmero de ocupaciones, pero sin hacerse notar nunca. Sin
embargo, no importa cómo contemplemos a estas almas raras, no importa el mucho
o poco desacuerdo que haya en cuanto a la validez o la eficacia de su manera de
vivir, estos hombres tienen en común una cualidad, cualidad que los distingue
radicalmente del resto de la humanidad y proporciona la clave de su personalidad,
su raison dêtre: ¡tienen todo el tiempo en sus propias manos! Estos hombres
jamás están demasiado apurados, jamás demasiado ocupados como para no responder
a una llamada. El problema del tiempo sencillamente no existe para ellos. Viven
el momento y tienen noción de que cada momento es una eternidad. Todos los
demás tipos de individuos que conocemos establecen límites a su tiempo
"libre". Los primeros, en cambio, no tienen otra cosa que tiempo
libre.

Acerca de esta noción de perder tiempo, ganar tiempo,
ahorrar tiempo, etc....:"No obstante, y a pesar de la llegada del milenio, los seres humanos todavía estarán obligados a reparar en el "water closet" diariamente. Todavía tropezarán con el problema de cómo sentarse en el excusado para aprovechar mejor el tiempo. Este problema es virtualmente un problema metafísico. Para desempeñar esta función la naturaleza no nos pide otra cosa que completa conformidad. La única colaboración que demanda de nuestra parte es nuestra disposición a dejar salir. Evidentemente, cuando el Creador diseñó el organismo humano comprendió que sería mejor para nosotros dejar libradas ciertas funciones a sí mismas; es evidente que si funciones tan vitales como la respiración, el sueño o la defecación quedasen libradas a nuestra disposición, algunos dejaríamos de respirar, de dormir o de concurrir al baño. Muchas personas, recordemos que no todos están en el manicomio, ponen en tela de juicio la inteligencia de su propio organismo. Preguntan por qué, no para saber sino para ridiculizar lo que su limitada inteligencia no alcanza a comprender. Contemplan las demandas del cuerpo como tiempo desperdiciado. ¿Cómo pasan, entonces, el tiempo esos seres superiores? ¿Están completamente al servicio de la humanidad? ¿No comprenden la razón de que haya que perder tiempo en comer, beber, dormir y defecar porque tienen tantas obras buenas que hacer? Sería interesante saber lo que quiere decir esta gente cuando habla de "perder el tiempo".
Pura Vida Henry Miller!