martes, 3 de abril de 2012
derecho al delirio
con el santo y seña del escritor poeta arrancaremos cargados de palabras galeanescas para convidar a los ocasionales transeúntes, nosotros, los americanos embebidos por la prosa renacentista del uruguay. lo causal se aproximó esta vez de manos de cristian, delironauta en viaje, pero con tiempo para sincronizarnos y enviarnos un bello regalo para las huestes oníricas.
jueves, 18 de agosto de 2011
Agosto
La banquina nos encuentra con Julián, camionero bonaerense, que preciso como freno a disco, para por nosotros, que junto con Miller nos estamos remontando de tanto viento, tanta vida anhelante. Soltero de orugas y relaciones mohosas, cuentapropista, y apartado del sindicato se da el gusto de no repetir la misma ruta cada semana en cada mes en cada vida, sale con algunas ropas extras y a vagar facturando contante y sonante. Gana la mitad de dinero que los camioneros agremiados. a cambio, estos no ganan aire, días y cambios, sin prisa y sin pausa, camión propio y destino impredecible.
Fue una camioneta utilitaria la que nos llevó el último tramo del viaje del día, Damián, 40 años, vendedor de autopartes y gozoso de soledad, nos trae hasta la Capital, luego de los pasos andados en los ùltimos 20 años.
Hablar y encontrar en el otro las aristas de aquello pensado e ido.
1 dia despuès circulando en la ciudad, escuchamos estas nuevas versiones, o el refrito del enano fascista que muchos argentinos llevan dentro:
Bicicletas altas y la comunidad, nos dijeron (gritaron por ahi):
Viajar en Oniriciclo es un aliento, pueden recojerse los frutos, desmalezar lo perdido.
Al respecto, bien podrìa contarnos Eduardo Galeano lo siguiente:
Divorcios
Un sistema de desvínculos: para que los callados no se hagan preguntones, para que los opinados no se vuelvan opinadores. Para que no se junten los solos, ni junte el alma sus pedazos.
El sistema divorcia la emoción y el pensamiento como divorcia el sexo y el amor, la vida íntima y la vida pública, el pasado y el presene. Si el pasado no tiene nada que decir al presente, la historia puede quedarse dormida, sin molestar, en el ropero donde el sistema guarda sus viejos disfraces.
El sistema nos vacía la memoria, o nos llena la memoria de basura, y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla. Las tragedias se repiten como farsas, anunciaba la célebre profecía. Pero entre nosotros, es peor: las tragedias se repiten como tragedias.
"El libro de los abrazos"
